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| >>La
conducta y las dificultades de aprendizaje |
La experiencia clínica y pedagógica,
así como la investigación sistemática,
ponen de manifiesto la existencia de una relación
íntima entre ciertas dificultades de aprendizaje
y la falta de adaptación personal o social, aunque
no resulta fácil la determinación de las
características y sentido de esta relación.
Sabemos perfectamente que un gran número de personas
con problemas educativos padecen al mismo tiempo conflictos
personales y sociales; pero las opiniones sobre la extensión
de estas relaciones y sobre cuál de las dos variables
sea la causa y cuál el efecto, distan mucho de
ser unánimes. En ciertos casos, los desajustes
personales suelen asociarse, por diversas razones, con
una materia determinada del programa, mientras el resto
del hacer escolar, donde las necesidades psicológicas
del niño son satisfechas, se desarrolla con toda
normalidad.
Al comparar los datos recogidos por los cuestionarios
y los resultados del test de personalidad, con el rendimiento
lector, Sornson encontró que los fracasos en los
aprendizajes producen efectos desfavorables sobre la vida
emocional de los niños y les hacen perder la confianza
en sí mismos.
Los trastornos emocionales de cierta gravedad pueden ser
lacausa, o al menos contribuir a la aparición,
de dificultades de aprendizaje.
Los fracasos escolares, especialmente en las materias
fundamentales, constituyen un serio contratiempo para
los niños y provocan en ellos frecuentemente desequilibrios
emocionales. Los fallos en lectura, por su repercusión
en el resto del aprendizaje, suelen ser la causa de la
mayor parte de los problemas emocionales de origen escolar.
El conocimiento de las formas inadecuadas de reacción
emocional, con las que los niños tratan de hacer
frente a sus dificultades de aprendizaje, es de sumo interés
para los educadores.
Las conductas se aprenden. Este aprendizaje conlleva también
la aparición de unas dificultades. En las aulas
se dan conductas problemáticas y, asociadas a ellas,
las dificultades de aprendizaje, aunque no siempre necesariamente.;
pero son muchos los alumnos y alumnas que presentan problemas
conductuales y no aprenden. Es frecuente encontrarnos
con niños con comportamientos conflictivos que
presentan dificultades en el aprendizaje de las áreas
curriculares, especialmente las denominadas instrumentales
de la Etapa Primaria: Lenguas y Matemáticas.
Investigaciones de Vidal-Abarca, Gilabert, Dolz y Alcantud
(1982) ponen de relieve la relación clara entre
la presencia-ausencia de conductas problemáticas
en el aula y el rendimiento escolar de los alumnos.
El alumnado con dificultades de comportamientos de carácter
disruptivo (agrede, molesta, incordia, se levanta, pierde
la atención,...) no pone en práctica las
habilidades que son necesarias para el aprendizaje escolar.
Habilidades tales como: atención concentrada, seguimiento
de instrucciones, persistencia en la tarea, permanencia
en el lugar de trabajo, etc.
Un comportamiento escolar deseable y normalizado necesita
de unas habilidades motrices, perceptivas, lingüísticas
y cognoscitivas. Un alumno o alumna que presente dificultades
en alguno de estos aspectos estará potencialmente
predispuesto a manifestar algún tipo de conducta
problemática que haga necesaria la intervención
psicopedagógica para su modificación. Bien
que por ausencia de habilidades lingüísticas
(disfemias, dislalias, escasa fluidez,...) no se relaciones
con los demás compañeros y compañeras
de clase y se aisle (conductas de evitación), bien
porque la falta de control voluntario de su cuerpo (habilidades
motrices) le induzca al movimiento sistemático:
malas posturas, impulsividad en sus respuestas, empujones
y molestias a los demás, bien porque la ausencia
de habilidades de procesamiento de la información
le lleve a manifestar un comportamiento irreflexivo, impetuoso,
precipitado que altere el orden de la clase. |
Los reforzadores Reforzador es todo
aquello que cambia la probabilidad de aparición
de una conducta determinada. La conducta es un aprendizaje
y se modifica por la aplicación de los reforzadores
(objetos, acontecimientos, etc.). Cuando a una respuesta
ante un estímulo le sigue una consecuencia agradable
aumenta la probabilidad de que esa conducta aparezca
de nuevo debido a la asociación que se produce
entre la respuesta y la consecuencia. Se denomina reforzador
positivo cuando se introducen estímulos en la
situación de respuesta del niño o la niña
para hacer más probable su aparición.
Dar una golosina después de obedecer, sonreír
por haberse portado bien, dar una distinción
por un trabajo bien hecho, cobrar el salario por trabajar,
son ejemplos de reforzadores positivos.
Se denominan reforzadores negativos cuando se retira
o elimina un estímulo desagradable contingentemente
a la aparición de una conducta. Se dice entonces
que el sujeto escapa o evita el reforzador negativo.
"No sales al recreo (estímulo aversivo)
hasta que no termines los problemas (conducta
deseable)", es un ejemplo de reforzador negativo.
El estímulo aversivo (no salir al recreo) se
elimina en el momento que hace aparición la conducta
que deseamos obtener (terminar los problemas). En la
vida diaria se dan múltiples ejemplos de reforzadores
negativos: ponerse gafas oscuras (conducta) para evitar
la luz del sol (estímulo aversivo), ponerse el
abrigo cuando hace frío, etc.
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Técnicas para favorecer conductas adecuadas
Se incluyen en este apartado todas aquellas técnicas
o asociación de ellas dirigidas a crear conductas
cuando éstas no existen y/o desarrollar otras incipientes
así como para mantener otras conductas ya incorporadas
en el repertorio de habilidades conductuales del niño/a
pero que necesitan de su consolidación o permanencia.
Básicamente todas ellas están fundamentadas
en el reforzamiento positivo de las conductas deseables.
Reforzamiento positivo
El reforzamiento positivo consiste en reforzar la conducta
que se desea conseguir de tal manera que a la aparición
de la respuesta tenga lugar contigentemente una consecuencia
agradable para el sujeto. Esta inmediatez del refuerzo
hace que se fortalezca la relación entre la respuesta
y la consecuencia . Si a partir de ese momento se observa
que la conducta se incrementa, o al menos se mantiene,
podremos decir que está siendo reforzada positivamente
y el reforzador empleado lo denominaremos reforzador
positivo. Se produce una mutua interdependencia entre
la conducta y su reforzador (relación de contingencia).
Esta interdependencia hace más probable la aparición
de la conducta en un futuro.
El reforzamiento positivo tiene un carácter natural
cuando en la vida cotidiana existen muchos objetos y
acontecimientos que son positivamente reforzantes: recibir
el salario por lo que se trabaja, recibir una sonrisa,
felicitar, etc.
En ambientes educativos el reforzamiento positivo necesita
de que se disponga de reforzadores más "artificiales"
o intencionalmente localizados, con el objeto de incrementar
tareas académicas, incrementar repertorios lingüísticos,
etc. mediante reforzadores secundarios materiales, sociales
o de actividad.
Algunas pautas para un uso más correcto deesta
técnica operante son las siguientes:
- El reforzador debe
ser eficaz. No todos los/as alumnos/as son sensibles
al mismo tipo de reforzador.
- En el reforzamiento
positivo deben asociarse los reforzadores de tipo
material con los de tipo social siendo más
deseables estos últimos.
- Los reforzadores de
actividad en ambientes educativos son muy útiles:
disponer de tiempo establecido para dedicarlo a actividades
preferidas como consecuencia de la conducta que se
quiere instaurar o desarrollar.
- Los reforzadores empleados
deben ser contingentes para afianzar la conducta.
- Si la conducta resulta
excesivamente compleja deben programarse pasos intermedios
o subconductas para utilizar con ellas el reforzamiento
positivo.
Principio de Premack
El denominado Principio de Premack constituye una modalidad
de reforzamiento positivo y consiste en administrar
como consecuencia una conducta de alta tasa de ocurrencia
a otra de menor tasa y que queremos aumentar su frecuencia.
En este caso, las conductas que el niño o niña
realiza voluntariamente se utilizan como reforzadores
positivos (refuerzo de actividad) para fortalecer otras
conductas que queremos dcsarrollar pero que tienen menor
frecuencia de aparición.
Algunos ejemplos del Principio de Premack son:
- Después de
realizar 5 operaciones de sumas y restas (conducta
de baja frecuencia) el/la niño/a puede dedicar
un tiempo establecido a una actividad muy habitual
en él (colorear o modelar con plastilina).
- Después de permanece
atento a la actividad propuesta (realización
de unos ejercicios de Lengua durante el tiempo establecido)
a continuación puede dedicar un tiempo a trabajar
con recortables (conducta de lata frecuencia o reforzador
de actividad).
El modelado
Denominado también por Bandura (1969)
aprendizaje vicario o imitación. Las conductas
se pueden aprender por imitación de modelos.
Un/a alumno/a puede copiar cómo su compañero/a
hace frente a una situación fóbica de
manera adecuada; puede imitar cómo resuelve un
problema de matemáticas y aprender su estrategia
de resolución; puede copiar las habilidades sociales
que tiene para relacionarse con los demás.
El modelo a imitar (compañero, adulto, amigo,...)
debe presentar una serie de características para
que no aparezcan dificultades en el aprendizaje de las
conductas. Algunas de ellas son:
- El modelo debe tener
cierto carisma o prestigio para el/la alumno/a, lo
debe percibircon cierta simpatía, afecto y
debe ser imitable con facilidad (conductas sencillas).
- Debe reforzarse al
modelo por las conductas que realiza y al alumno/a
por las imitaciones también correctas que haga
de las conductas del modelo.
- Puede utilizarse más
de un modelo que tengan cierta semejanza entre sí.
- La participación
en el modelado debe ser atractiva, Esto es, debe existir
visualización, verbalizaciones, guía
física, pensamiento, etc.
Contratos de conducta
Los contratos de conducta, también denominados
contratos de contingencias, consisten
en un acuerdo escrito entre las partes afectadas (padres-hijos,
profesor/a-alumno/a, alumno/a-......) en el que se explican
los compromisos conductuales que cada parte asume y
las consecuencias que se derivarán de su cumplimiento
o de su incumplimiento. Cada parte interviniente en
el contrato adquiere unos derechos y unos deberes que
sirven para regular el comportamiento y exige de una
negociación o acuerdo previo en el que se pongan
de manifiesto todas las concesiones o matizaciones necesarias
para que el contrato funcione. De esta manera se pretende
que el/la alumno/a adquiera una mayor participación
en su cambio comportamental (Kazdin, 1973).
Los contratos de conducta están especialmente
indicados para niveles escolares de la Educación
Secundaria Obligatoria en comportamiento de deterioro
de la convivencia escolar con algún/os alumno/a/s
y evitar la hostilidad y el enfrentamiento físico
y verbal en el centro.
Para que un contrato de conducta funcione correctamente
es necesario tener en cuenta los siguientes aspectos:
- El contrato debe ser
negociado entre las partes que intervienen, explicándole
al alumno/a el objeto del contrato (regular la convivencia
o comportamiento problemático). "Si
tú te comprometes a realizar las siguientes
conductas, yo me comprometo a..." (conductas
redactadas en términos positivos).
- Entre las partes, confeccionar
el contrato y firmarlo, especificando cuando va a
revisarse (debe hacerse con asiduidad en los primeros
días o semanas de su puesta en funcionamiento).
- En el contrato deben
figurar las consecuencias que cada una de las partes
obtiene y también los "costos de respuesta"
por el no cumplimiento de las conductas pactadas.
Las consecuencias negativas deben ser leves en un
principio para no desalentar al alumno/a
- Las consecuencias positivas
que se obtienen deben ser reforzadores sociales y
de actividad.
Todas estas características descritas en los
apartados anteriores deben tener un soporte físico
o documento en el que se expliciten todos los acuerdos
tomados.
Reforzamiento negativo
Consiste en la eliminación de un estímulo
o situación negativo como consecuencia de la
aparición de una conducta deseable. Son ejemplos
de reforzamiento negativo que se dan en la vida cotidiana:
cuando tenemos frío y nos abrigamos, cuando nos
protegemos de la lluvia con un paraguas para no mojarnos.
Realizando una conducta se produce un alivio de lo que
nos resultaba negativo. Cuando un profesor o profesora
le dice a un alumno o alumna: “mientras no acabes
la tarea no saldrás al recreo”, está
reforzándole negativamente. El alumno/a se escapará
de la situación o estímulo negativo cuando
aparezca la conducta de acabar la tarea.
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Técnicas para reducir, debilitar o eliminar conductas
inadecuadas
Se incluyen en este apartado todas aquellas técnicas
y procedimientos más usuales en la tecnología
de Modificación de Conducta para reducir o eliminar
conductas no deseables. Básicamente están
fundamentadas muchas de ellas en la obtención de
consecuencias negativas (caso del castigo), en la retirada
de reforzadores y en el control de los estímulos
elicitadores de las respuestas inadecuadas.
El castigo
Es una de las técnicas para eliminar conductas
problemáticas que tiene mayor frecuencia de utilización
en contextos sociales (Pinillos, 1979). Consiste en
aplicar al sujeto una estimulación aversiva o
desagradable como consecuencia de haber realizado una
conducta no deseable y que se pretende eliminar.
El castigo reduce la probabilidad de que la conducta
vuelva a aparecer, aunque existen castigos que llegan
a perder su eficacia y pueden incluso reforzarla.
El castigo puede ser eficaz a corto plazo pero no es
suficiente por sí solo como técnica, ya
que no propone un modelo alternativo de conducta deseable.
Algunas de las pautas a tener en cuenta en la aplicación
del castigo son:
- El castigo debería
utilizarse solo en el caso de que otras técnicas
de reforzamiento no hayan sido eficaces.
- Si se aplica este,
debe ser inmediato y proporcionado a la naturaleza
de la infracción producida.
- Debe valorarse el mal
o costo producido por la conducta problemática
y el costo que puede ocasionar la aplicación
del castigo.
- Si se castiga debe
mostrarse cual es la conducta incompatible y, a su
vez, que esperamos que realice el/la niño/a.
- La aplicación
del castigo no debe conllevar una alteración
emocional del profesor (enfado, ira, excitación,...)
- No es aconsejable utilizar
como castigo (consecuencia negativa) tareas escolares
(copias, más deberes,...) puesto que se corre
el riesgo de asociar la tarea como algo desagradable.
Autocontrol
Se refiere a aquellos procedimientos de terapia
cuyo objetivo es enseñar a la persona estrategias
para controlar o modificar su propia conducta a través
de distintas situaciones, con el propósito de
alcanzar metas a largo plazo.
En el autocontrol cobra gran importancia el rol del
propio sujeto como director de sí mismo. Requiere
la participación activa en la solución
de los problemas conductuales. Es como si se dividiera
en dos personas. Una de ellas sería el sujeto
que tiene problemas, que responde, que actúa
y la otra la que le dirige el curso de la acción,
le proporciona normas, pautas para modificar la conducta
de la primera persona.
A través del autocontrol se pretende que del
control externo (el profesor, los padres, los compañeros,
amigos, adultos,…) se pase a un control interno,
por parte del propio individuo.
Observación de uno mismo
Observar la propia conducta, es uno de los objetivos
del autocontrol. Para tener consciencia de lo que se
realiza, el niño debe atender, reflexionar, darse
cuenta de que hace algo y que él puede observarse,
verse a sí mismo como persona quehace algo.
Para facilitar la observación de uno mismo, se
le puede entrenar en algunas preguntas tales como:
- ¿Cuantas veces
has hecho eso?
- ¿Quien te ha
obligado a hacerlo?
- ¿Por qué
y/o para qué?
- ¿Cómo
te encuentras después de hacerlo?
Las respuestas que pueda darse a sí mismo el
niño le serán útiles para atender
más a su conducta, a lo que hace como conducta-problema.
Habilidades sociales
Las habilidades sociales son definidas por como: "La
conducta socialmente habilidosa, es ese conjunto de
conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal
que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones
o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la
situación, respetando esas conductas en los demás,
y que generalmente resuelve los problemas inmediatos
de la situación mientras minimiza la probabilidad
de futuros problemas".
Se encuadran dentro de modelo general de Técnicas
de resolución de problemas, las cuales tienen
como objetivo entrenar al alumnado a resolver eficazmente
los problemas de relación que se plantean en
el contexto escolar.
En sus orígenes, las habilidades sociales o habilidades
interpersonales han sido desarrolladas por múltiples
autores, especialmente Spivacky sus colaboradores y
en nuestro país, Pelechano (1980). Ambos han
aplicado a la población escolar infantil el entrenamiento
en habilidades sociales con prometedores resultados.
En el contexto escolar se producen una serie de comportamientos
problemáticos por parte del alumnado que, en
muchas ocasiones, dan lugar a una alteración
del normal desenvolvimiento de la clase, de la situación
de recreo, de las salidas y entradas a las diversas
dependencias del colegio, de las interrelaciones entre
los propios compañeros, etc. Estos comportamientos
de empujones, insultos, peleas, discusiones, conflictividad
general, etc., provocan situaciones de deterioro docente
y convivencia en el aula y, en el peor de los casos,
en el centro escolar.
La propuesta didáctica que se formula en estas
líneas pretende dar un carácter de prevención
a la ocurrencia de dichas faltas. Para ello se hace
necesario abordar los comportamientos escolares deseables
como un aspecto curricular programable y evaluable,
del mismo modo que lo pueda ser cualquier otra área
del curriculum. Incluso, esta propuesta didáctica
podría encuadrarse dentro de los contenidos transversales
de Educación para la Convivencia.
La fundamentación teórica de esta propuesta
que denominaremos entrenamiento en habilidades interpersonales,
radica en los postulados de la psicología del
aprendizaje y el paradigma cognitivo, los cuales afirman
que se aprende lo que se practica sistemáticamente
y se refuerza, del mismo modo que se aprenden otros
contenidos curriculares de las distintas áreas.
Esta propuesta didáctica para la mejora de la
convivencia escolar se puede diseñar en forma
de unidades didácticas, según la siguiente
secuencia metodológica. En primer lugar, estaría
la escena o tema principal, en la cual se visualiza
y/o se representa la temática que suele ser fuente
de conflictos en el centro escolar: entradas a clase,
peleas, empujones, insultos, faltas de respeto, filas
alborotadoras, etc. Esta fase puede realizarse a través
de ilustraciones murales o a través de dramatizaciones
de los alumnos/as dirigidos por el profesor.
Posteriormente, en la fase de identificación
se formulan cuestiones sobre lo que está ocurriendo
en la escena o tema principal con el objeto de que el
alumno/a aprenda a identificar, conocer y tener conciencia
de qué es lo que realmente está ocurriendo
en la situación conflictiva. Ello se realiza
a través de la formulación de preguntas
referidas a la expresión de sentimientos de los
personajes intervinientes, al análisis de la
situación, a la identificación de los
problemas, etc.
Más tarde, el alumno/a, inducido por el profesor,
trata de conocer cuáles son las posibles causas
que han dado lugar a la aparición de la situación
conflictiva. Ello se vehiculiza a través de formulación
de preguntas, respuestas de libre interpretación
de la escena, ya sean de tipo oral o escrito. El alumnado
con esta ejercitación aprende a discriminar las
causas que desembocan en la aparición de las
situaciones problemáticas.
En la siguiente fase se le proporciona al alumnado información
acerca de cuáles van a ser las consecuencias
que se derivarán de la escena conflictiva. Consecuencias
para los protagonistas del problema, para los compañeros/as
y para el profesor. El propio alumnado, con la ayuda
del profesor, contribuye también a preveer o
adivinar las posibles consecuencias. Como en las secuencias
anteriores, esto se podrá analizar mediante expresiones
orales o escritas en ejercicios de papel y lápiz.
Por último, y de forma individual y colectiva,
se proponen posibles soluciones mediante comportamientos
alternativos que sean deseables y adecuados así
como socialmente útiles para afrontarla situación
problemática de esta manera positiva.
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Bibliografía -
“Dificultades de aprendizaje y actividades de
refuerzo educativo” de Antonio Vallés Arándiga.
Edt. Promolibro 1.993.
- “Diagnóstico
y tratamiento de las dificultades en el aprendizaje”
de L.J. Brueckner y Guy L. Bond. Edt. Rialp 1.992.
- “Manual de la Psicología
Clínica aplicada” de Buela, Casal y Caballo.
Edt. Siglo XXI Editores. 1.991.
- “Modificación
de conducta en el aula e integración escolar”
de Emilio Cidad Maestro. Edt. UNED. 1.986.
- “Cómo cambiar
la conducta del niño” de Krumboltz y Thoresen.
Edt. DDB. 1.977
- “Procedimientos
de análisis conductual aplicado con niños
y adolescentes” de Sulzer-Azaroff y G. Roy. Edt.
Trillas. 1.983.
- “Cómo cambiar
la conducta infantil. Guía para padres”.
De Antonio Vallés Arándiga. Edt. Marfil.
1.991.
- “Habilidades sociales”
de A. Vallés Arándiga. Edt. Marfil. 1.993
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