| Reciben el nombre de Aulas
Hospitalarias las unidades escolares surgidas dentro del hospital,
cuyo objetivo principal es la atención escolar de los niños
hospitalizados, atendiendo con ello a uno de los principales derechos
recogidos en la Ley 13/1982 sobre la integración social de
los minusválidos, en cuyo artículo 29 se recoge que
en todos los hospitales en los que se cuente con servicios pediátricos
se dispondrá de "una sección pedagógica
para prevenir y evitar la marginación del proceso educativo
de los alumnos en edad escolar internados en dichos hospitales".
Esta Ley fue más tarde ampliada a través de varios
Reales Decretos en los que se han ido definiendo con mayor claridad
las funciones a desarrollar en estas aulas, dotándolas de
un mayor contenido.
En estas aulas son atendidos niños que durante un período
de tiempo, más o menos largo, padecen diversos trastornos
físicos, enfermedades, roturas, operaciones, etc., por lo
que deben ser ingresados en un hospital. De esta forma, pueden continuar
con el proceso educativo con total normalidad, dentro de la anormalidad
que supone para el niño estar fuera de su ambiente familiar,
escolar y social.
Las Aulas Hospitalarias poseen unas determinadas características
que hacen que la actividad a desarrollar en ellas sea, en cierto
modo, diferente: se encuentran ubicadas dentro de un centro hospitalario
y dirigidas a niños que sufren diversos tipos de patologías.
Estas dos premisas hacen que la actuación escolar que el
profesor debe realizar requiera de unos comportamientos diferentes
a los que se llevarían a cabo en un aula normal. Es por esta
razón por la que el aula debe ser un espacio abierto y flexible,
atento únicamente a las necesidades del niño hospitalizado,
donde éste pueda acudir libremente, con la posibilidad de
que siempre que lo requiera su asistencia médica y sanitaria
pueda ausentarse, para más tarde volver de nuevo a reincorporarse
a sus tareas escolares.
La actuación, por otra parte, de los maestros y maestras
que trabajan en estas aulas debe de tener en cuenta todas las circunstancias
que rodean al niño hospitalizado: angustia, ansiedad, desmotivación,
aburrimiento, etc., de ahí la importancia de emplear una
serie de técnicas encaminadas a fomentar en estos niños
su creatividad, el perfeccionamiento de sus destrezas, habilidades
y capacidades manipulativas, así como la utilización
de las nuevas tecnologías.
Otro de los aspectos de gran interés en estas aulas es la
creación de un clima propicio para el intercambio de experiencias
entre los diferentes alumnos hospitalizados, no ya sólo dentro
del aula sino también durante el tiempo que pasa en el resto
de dependencias compartidas del hospital: los pasillos, la sala
de juegos o en sus habitaciones, procurando que sienta lo menos
posible la lejanía de su ambiente familiar y social. Asimismo
y gracias a las nuevas tecnologías se intenta relegar a un
segundo plano la soledad y el aislamiento que sufre el niño
hospitalizado comunicándose a través de internet con
otros niños de otros hospitales con problemas iguales o parecidos
a los suyos; con sus compañeros del aula de referencia, etc.
La actividad educativa se lleva a cabo de varias maneras, siendo
las más comunes dos: la asistencia al aula por parte del
alumno, siempre que éste se encuentre en condiciones físicas
para desplazarse hasta ella; o, bien, en su propia habitación,
cuando su estado de salud aconseja que sea el profesor el que se
desplace hasta ella. La finalidad, en ambos casos, es siempre la
misma: evitar o reducir en lo posible las consecuencias negativas
que su estancia en el hospital les puede causar tanto a nivel educativo
como personal, especialmente, en los casos de los niños que
están más tiempo hospitalizados, por padecer una enfermedad
crónica (leucemia, etc.).
En estas actuaciones se tiene siempre muy presente otros dos componentes
fundamentales en todo este proceso educativo y sin los cuales difícilmente
la actuación del maestro del aula podría desempeñar
su labor plenamente, son los padres y el personal sanitario: médicos,
enfermeras, auxiliares, etc. La relación con los padres ha
de ser diaria y permanente, ya que son ellos, junto con sus hijos,
los primeros en orientar al maestro sobre el nivel educativo de
éstos, al mismo tiempo que sirven de nexo de unión
entre el colegio y sus tutores con el Aula Hospitalaria. En cuanto
al trato con el personal sanitario ha de ser también diario,
siendo considerada su labor como imprescindible ya que estimulan
y apoyan en todo momento la asistencia de estos niños al
aula. Por otra parte, ellos se convierten en el primer transmisor
de la información referente a cada niño que ingresa
en el hospital o los cambios que se produzcan en el ánimo
o en la salud de aquel otro que ya lleve tiempo ingresado. Ellos
serán, en definitiva, quienes determinen si deben acudir
o no al aula y si conviene, por el contrario, que se les atienda
en su habitación.
Origen y evolución de las Aulas Hospitalarias en España
La situación actual de la Pedagogía Hospitalaria
y, por consiguiente, la actuación de los maestros en los
hospitales en España, se puede decir que se encuentra en
un momento ciertamente importante, ya que son pocos los hospitales
que hoy en día no cuenten entre sus instalaciones con un
Aula Hospitalaria y que no dediquen parte de sus instalaciones y
medios económicos a la atención y mejora de estos
centros. Sin embargo, el proceso para llegar a esta situación
ha sido largo y complejo. En un principio las aulas surgieron en
ciertos hospitales de una manera espontánea, ante la preocupación
de algunos por la atención escolar de los niños que
pasaban largas estancias hospitalizados, lejos de su ambiente familiar
y con la posibilidad de perder el curso escolar.
Las primeras escuelas dentro de un hospital surgen allá por
los años cincuenta en centros vinculados con la orden hospitalaria
de San Juan de Dios, como ocurriera en el Sanatorio Marítimo
de Gijón que era llevado por estos hermanos; labor que fue
continuada en otro de sus hospitales, en esta ocasión de
Madrid, en el Asilo de San Rafael. Unos años más tarde,
en torno a 1965, ante la epidemia de poliomelitis que sufría
la población infantil española, se plantea la necesidad
de ayudar a estos niños no sólo desde el punto de
vista médico, sino también desde el escolar y educativo.
Esta iniciativa dio lugar a que se abriesen una serie de aulas en
diversos hospitales de la geografía española, en concreto
en el hospital de Oviedo, en La Fe de Valencia, en Manresa (Barcelona)
también bajo los hermanos de San Juan de Dios y en los madrileños:
Niño Jesús, Clínico, Gregorio Marañón
y Hospital del Rey, unas Aulas dependientes del Insalud, conocido
por entonces como el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, que
van abriendo camino en este mundo de la atención escolar
hospitalaria. Por ejemplo, en 1966, en el Hospital Niño Jesús,
de Madrid, se creaban un total de diez unidades de Educación
Especial, de las que sólo quedaban cuatro en 1997. Hay que
incidir en un hecho primordial y es que en un principio, estas aulas
fueron creadas con la idea de atender la demanda que había
por parte de la sociedad por atender a niños con determinadas
enfermedades, como la poliomelitis, parálisis cerebral, Síndrome
Tóxico, etc. Se pretendía, en esos momentos iniciales,
más entretener a los niños que llevar con ellos un
seguimiento escolar, según el programa de su colegio de origen.
Esta iniciativa tuvo su continuación, en 1974, a raíz
de la apertura del Hospital Nacional de Parapléjicos, en
Toledo. En ese momento se puso en marcha una Sección Pedagógica,
compuesta de cinco aulas, biblioteca, secretaría y una sala
de profesores, con cuatro maestros, de los que hoy en día
sólo quedan tres. La misión de esta Sección
era atender las necesidades educativas de los niños y adultos
ingresados, cubriendo así una demanda cada vez más
extendida en la sociedad española. Sin embargo, esta iniciativa
no cuajó todavía en el resto de hospitales ni en la
administración educativa, que se limitaba a tomar decisiones
puntuales para resolver problemas como el famoso caso del “Aceite
de colza”.
Hubo que esperar hasta el 7 de abril de 1982, fecha en la que se
publicó la Ley de Integración Social de los Minusválidos
para que este derecho se recogiese fielmente en su articulado. A
partir de ese momento se inicia una amplia labor legislativa, tanto
desde el punto de vista del Ministerio de Educación y Cultura,
como desde las diferentes Consejerías de Educación
y Sanidad de las respectivas Comunidades Autónomas, una vez
que éstas asumieron las competencias en materia educativa
y sanitaria, tendente a atender este derecho que todo niño
tiene a la educación, incluidos los niños enfermos
y hospitalizados y que fueron recogidos en la Carta Europea de los
Derechos del Niño Hospitalizado, aprobada por el Parlamento
Europeo en 1986. El resultado final fue que el 18 de mayo de 1998
se firmó un convenio entre el Ministerio de Educación
y Cultura, el Ministerio de Sanidad y Consumo y el Instituto Nacional
de la Salud, en el que se sentaron las bases y la política
compensatoria destinada a resolver la escolarización de los
niños convalecientes o ingresados en centros hospitalarios.
En la actualidad la mayor parte de los centros hospitalarios de
España cuentan entre sus dependencias más preciadas
con una o varias aulas donde son atendidos los niños y niñas
que se ven obligados a pasar un tiempo en el hospital lejos de sus
centros escolares de origen. Los años comprendidos en esta
atención son los que van de los 3 a los 16 años, aunque
en ocasiones puntuales son atendidos niños de otras edades
superiores, aquellos que van al Bachillerato. Asimismo, hoy en día
se está abriendo camino otra nueva modalidad, dentro de la
atención educativa hospitalaria, la recibida en el Hospital
de Día Psiquiátrico de algunos hospitales, como el
de la “Pradera de San Isidro” de Madrid, donde se atienden
a niños y adolescentes que requieren un tratamiento psiquiátrico
con carácter continuado y controlado.
Bibliografía |
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