Biblioteca de Documentos
Matemáticas
Prólogo
| Sumario | Introducción | Cargar
el fichero |
Este volumen recoge la normativa
y la información necesaria para el desarrollo del área de Matemáticas
de la Educación Secundaria Obligatoria. Contiene, por consiguiente,
elementos legales, de obligado cumplimiento, junto con otros elementos
de carácter orientador o meramente informativo. Cada una de sus secciones
tiene diferente rango normativo y también un contenido diverso.
1)La primera sección presenta
los objetivos, contenidos curriculares y criterios de evaluación que
para el área completa, y para su desarrollo a lo largo de la etapa,
han sido fijadas en el Anexo del Real Decreto por el que se
establece el currículo de la Educación Secundaria Obligatoria. Se trata,
por consiguiente, de una norma oficial, que corresponde al primer nivel
de concreción del currículo para esta área: el nivel del currículo
oficialmente establecido, que constituye base y marco de sucesivos
niveles de elaboración y concreción curricular. En el preámbulo del
citado Real Decreto se recogen los principios básicos del currículo,
así como el sentido de cada uno de los elementos que lo componen: objetivos,
contenidos, criterios de evaluación y principios metodológicos.
En el ámbito de su responsabilidad
y dentro del marco del ordenamiento educativo, los profesores han de
contribuir a determinar, concretar y desarrollar los propósitos educativos
a través de los proyectos de etapa, de las programaciones y de su propia
práctica docente. El Real Decreto establece, ante todo, que los equipos
docentes elaboren para la correspondiente etapa proyectos curriculares
de carácter general, en los que el currículo establecido se adecue
a las circunstancias del alumnado, del centro educativo y de su entorno
sociocultural. Esta concreción ha de referirse principalmente a la
distribución de los contenidos por ciclos, a las líneas generales de
aplicación de los criterios de evaluación, a las adaptaciones curriculares,
a la metodología y a las actitudes de carácter didáctico. Por otro
lado, cada profesor, en el marco de estos proyectos, ha de realizar
su propia programación, en la que se recojan los procesos educativos
que se propone desarrollar en el aula.
2)La segunda sección del
libro tiene también carácter oficial, pero no estrictamente normativo.
Está extraída del Anexo de la Resolución de 5 de marzo, del
Secretario de Estado de Educación (B. O. E. 25-III-92), en el apartado
correspondiente a esta área. Para facilitar el trabajo de los profesores
en esa concreción y desarrollo curricular a partir de los objetivos,
contenidos y criterios de evaluación establecidos, dicha Resolución
ha concretado, con carácter orientador, una posible secuencia
de objetivos y contenidos por ciclos, así como posibles criterios de
evaluación también por ciclos, para todas y cada una de las áreas.
Como elemento de juicio, al elaborar
los proyectos y programaciones curriculares, puede ser útil tomar en
cuenta esta propuesta de secuencia que, en todo caso, les servirá para
su propia reflexión. Por otro lado, en la hipótesis de que, por cualquier
razón, un equipo docente no llegue a diseñar su propio proyecto curricular,
o no llegue a hacerlo en todos sus elementos, la secuencia y organización
de contenidos y criterios de evaluación de la Resolución adquieren
automáticamente valor normativo en suplencia del proyecto inexistente
o incompleto.
Esta segunda sección tiene dos partes
claramente diferenciadas: unas indicaciones para la secuencia de los
objetivos y contenidos en los ciclos y unos criterios de evaluación
para los ciclos. En cada caso, un cuadro resumen presenta, en esquema,
los elementos más destacados de la secuencia y permite comparar los
ciclos con mayor comodidad. El cuadro, de todas formas, ha de leerse
como un resumen esquemático del texto completo y en ninguna manera
lo sustituye.
3)La tercera sección presenta
Orientaciones didácticas y para la evaluación, cuyo carácter,
reflejado en su denominación, es orientativo y también informativo.
Son orientaciones y recomendaciones de la Dirección General de Renovación
Pedagógica, que recogen y amplían las que en su día aparecieron en
el Diseño Curricular Base y que serán de utilidad para el profesorado
en su práctica diaria en esta área concreta. Con ellas se pretende
ayudar a los profesores a colmar la brecha que va de las intenciones
a las prácticas, del diseño al desarrollo curricular; es decir, y en
concreto, del currículo establecido y de los proyectos y programaciones
curriculares a la acción y a las realidades educativas.
Esta sección tiene, a su vez, dos
grandes apartados, las orientaciones propiamente didácticas
y las orientaciones para la evaluación. En ella se contienen
reflexiones de carácter variado acerca de cómo entender y poner en
práctica, para la docencia en esta área, los principios metodológicos
fundamentales que sobre la enseñanza y el aprendizaje se contienen
en el currículo establecido. Se recogen también los problemas y los
planteamientos didácticos específicos de esta área, y, en general,
se trata de proporcionar indicaciones y sugerencias que faciliten al
profesor su tarea en relación con un conjunto de cuestiones a las que
el currículo oficial no responde, precisamente por tratarse de un currículo
abierto que las deja en manos del propio profesor. Son cuestiones relativas
a cómo enseñar, cómo evaluar, cuándo evaluar y, en cierta medida, también
qué evaluar. Todas estas reflexiones pueden servir al profesorado,
primero, para la elaboración del proyecto y de la programación curricular,
y también, más adelante, como material de referencia al que cabe acudir
cuando sea preciso en cualquier momento.
4)La cuarta sección, con
la que el libro concluye, es una Guía de Recursos didácticos,
bibliográficos y otros. En ella se contiene amplia información
acerca de libros, materiales curriculares, fuentes de información y,
en general, recursos útiles para el desarrollo curricular de la respectiva
área, con breve noticia descriptiva y comentario valorativo acerca
de ellos. Es una información no exhaustiva, sino seleccionada. Como
sucede en cualquier selección de ese género, hay en ella opciones y
valoraciones que hubieran sido quizá otras de haber sido otros los
autores. El Ministerio de Educación y Ciencia, que ha coordinado este
trabajo a través del Servicio de Innovación, agradece a los autores
su colaboración en esta obra, que seguramente será de gran utilidad
para los profesores.
En esta cuarta sección el profesorado
encontrará un repertorio suficientemente completo de los recursos bibliográficos
y de otros materiales curriculares con los que puede contar para poner
en práctica en el aula el currículo establecido. La Guía no tiene el
propósito de ser exhaustiva. No pretende presentar en listado completo
todo lo que existe en el mercado nacional o internacional. Más bien,
en ella se presenta una selección de aquello que puede resultar especialmente
útil y valioso. Los comentarios que acompañan a la presentación de
cada material contribuyen a facilitar al profesorado su propia selección
y servirle como instrumento de reflexión estructurada y organizada,
que conecta los elementos del currículo establecido con los materiales
curriculares y didácticos ya existentes.
.
Currículo oficial
Introducción
Objetivos generales
Contenidos
Criterios de evaluación
Secuencia por ciclos
Secuencia de los objetivos y contenidos
por ciclos
Criterios de evaluación por ciclos
Orientaciones didácticas
Orientaciones generales
Orientaciones específicas
Orientaciones para la evaluación
Guía documental y de recursos
Material impreso
Recursos materiales
Otros datos de interés
Matemáticas
A partir de la necesidad de contar
y clasificar, y organizadas durante mucho tiempo como ciencia formal
del espacio y la cantidad, las matemáticas constituyen hoy un conjunto
amplio de modelos y procedimientos de análisis, de cálculo, medida
y estimación acerca de relaciones necesarias entre muy diferentes aspectos
de la realidad, no sólo espaciales y cuantitativos. A semejanza de
otras disciplinas, constituyen un campo en continua expansión y de
creciente complejidad, donde los constantes avances dejan anticuadas
las acotaciones y concepciones tradicionales. Los más recientes progresos,
así como un mejor conocimiento de la naturaleza misma del conocimiento
matemático, tienen también consecuencias sobre la educación en matemáticas,
un área que, si bien ha estado presente tradicionalmente en la enseñanza
académica, sin embargo, puede y merece ser enseñada con contenidos
y mediante procedimientos a menudo bien distintos de los tradicionales.
La misma introducción y aplicación de nuevos medios tecnológicos en
matemáticas obliga a un planteamiento diferente, tanto en los contenidos
como en la forma de enseñanza.
Las matemáticas deben mucho de su
prestigio académico y social al doble carácter que se les atribuye
de ser una ciencia exacta y deductiva. La cualidad de la exactitud,
sin embargo, representa sólo una cara de la moneda, la más tradicional
en las matemáticas, que en la actualidad comprenden también ámbitos
tales como la teoría de la probabilidad, la de la estimación o la de
los conjuntos borrosos en los que la exactitud juega un papel diferente.
De modo semejante, la tradicional idea de las matemáticas como ciencia
puramente deductiva - idea ciertamente válida para el conocimiento
matemático en cuanto producto desarrollado y ya elaborado- ha de corregirse
con la consideración del proceso inductivo y de construcción a través
del cual ha llegado a desarrollarse ese conocimiento. La especial trascendencia
que para la educación matemática tiene el proceso, tanto histórico
como personal, de construcción empírica e inductiva del conocimiento
matemático, y no sólo formal o deductiva, invita a resaltar dicho proceso
de construcción.
Conviene tener en cuenta por eso
que en el desarrollo del aprendizaje matemático en el niño y el adolescente
desempeña un papel de primer orden la experiencia y la inducción. A
través de operaciones concretas como contar, comparar, clasificar,
relacionar, el sujeto va adquiriendo representaciones lógicas, y matemáticas,
que más tarde valdrán por sí mismas, de manera abstracta, y serán susceptibles
de formalización en un sistema plenamente deductivo, independiente
ya de la experiencia directa. Por otra parte, la perspectiva histórica
pone de manifiesto que las matemáticas han evolucionado en interdependencia
con otros conocimientos y con la necesidad de resolver determinados
problemas prácticos.
Es preciso, por tanto, que el currículo
refleje el proceso constructivo del conocimiento matemático, tanto
en su progreso histórico como en su apropiación por el individuo. La
formalización y estructuración del conocimiento matemático como sistema
deductivo no es el punto de partida, sino más bien un punto de llegada
de un largo proceso de aproximación a la realidad, de construcción
de instrumentos intelectuales eficaces para interpretar, representar,
analizar, explicar y predecir determinados aspectos de la realidad.
La constante referencia a la realidad,
a los aspectos de construcción inductiva y empírica, que se encierran
en la actividad matemática no ha de hacer olvidar, por otro lado, los
elementos por los que las matemáticas precisamente se distancian de
la realidad en actividades y operaciones que tienen que ver con la
creatividad, la crítica, el poder de imaginar y representar no sólo
espacios multidimensionales, sino, en general, una "realidad"
alternativa. La exploración en la posibilidad pura y el desarrollo
de modelos "puramente" matemáticos casi siempre contribuyen
a describir, comprender y explicar mejor la complejidad del mundo.
La enseñanza de las matemáticas
ha estado a menudo muy determinada, no sólo por la estructura interna
del conocimiento matemático, sino también por objetivos de desarrollo
intelectual general, ya que las matemáticas contribuyen al desarrollo
de capacidades cognitivas abstractas y formales, de razonamiento, abstracción,
deducción, reflexión y análisis. Ciertamente, las matemáticas han de
contribuir a lograr objetivos educativos generales vinculados al desarrollo
de capacidades cognitivas. Sin embargo, y en conexión con ello, hay
que destacar también el valor funcional que poseen como conjunto de
procedimientos para resolver problemas en muy diferentes campos, para
poner de relieve aspectos y relaciones de la realidad no directamente
observables y para permitir anticipar y predecir hechos, situaciones
o resultados antes de que se produzcan o se observen empíricamente.
Ambos aspectos, el funcional y el formativo, son indisociables y complementarios,
no antagónicos.
Apenas hace falta resaltar, por
otro lado, que en la sociedad actual es imprescindible manejar conceptos
matemáticos relacionados con la vida diaria, en el ámbito del consumo,
de la economía privada y en muchas situaciones de la vida social. Por
otra parte, a medida que los alumnos progresan a través de los ciclos
de la educación obligatoria, unas matemáticas crecientemente más complejas
son precisas para el conocimiento, tanto en las ciencias de la naturaleza
como en las ciencias sociales. En relación con ello, y de acuerdo con
la naturaleza de las matemáticas en cuanto lenguaje con características
propias, su aprendizaje ha de llevar a la capacidad de utilizar el
lenguaje matemático en la elaboración y comunicación de conocimientos.
Así pues, a lo largo de la educación
obligatoria las matemáticas han de desempeñar, indisociable y equilibradamente,
un papel formativo básico de capacidades intelectuales, un papel aplicado,
funcional, y un papel instrumental, en cuanto armazón formalizador
de conocimientos en otras materias. Todo ello justifica, en una línea
no siempre coincidente con la tradicional, los contenidos de las matemáticas
en esta etapa, así como las características didácticas básicas de su
enseñanza.
De las consideraciones expuestas
sobre el modo de construcción del conocimiento matemático, en la historia
y en el aprendizaje de las personas, así como de las funciones educativas
de esta área en la educación obligatoria, se siguen los principios
que presiden la selección y organización de sus contenidos. Son principios
que no se aplican por igual al comienzo de la educación primaria y
al final de la educación secundaria, pero que mantienen su vigencia
a lo largo de los años de la educación obligatoria:
1. Las matemáticas
han de ser presentadas a alumnos y alumnas como un conjunto de conocimientos
y procedimientos que han evolucionado en el transcurso del tiempo,
y que, con seguridad, continuarán evolucionando en el futuro. En esa
presentación han de quedar resaltados los aspectos inductivos y constructivos
del conocimiento matemático, y no sólo los aspectos deductivos de
la organización formalizada que le caracteriza como producto final.
En el aprendizaje de los propios alumnos hay que reforzar el uso del
razonamiento empírico inductivo en paralelo con el uso del razonamiento
deductivo y de la abstracción.
2. Es necesario
relacionar los contenidos de aprendizaje de las matemáticas con la
experiencia de alumnos y alumnas, así como presentarlos y enseñarlos
en un contexto de resolución de problemas y de contraste de puntos
de vista en esta resolución. En relación con ello, hay que presentar
las matemáticas como un conocimiento que sirve para almacenar una
información que de otro modo resultaría inasimilable, para proponer
modelos que permiten comprender procesos complejos del mundo natural
y social, y para resolver problemas de muy distinta naturaleza; y
que todo ello es posible gracias a la posibilidad de abstracción,
simbolización y formalización propia de las matemáticas.
3. La enseñanza
y el aprendizaje de las matemáticas ha de atender equilibradamente
a sus distintos objetivos educativos: a) al establecimiento de destrezas
cognitivas de carácter general, susceptibles de ser utilizadas en
una amplia gama de casos particulares, y que contribuyen, por sí mismas,
a la potenciación de las capacidades cognitivas de los alumnos; b)
a su aplicación funcional, posibilitando que los alumnos valoren y
apliquen sus conocimientos matemáticos fuera del ámbito escolar, en
situaciones de la vida cotidiana; c) a su valor instrumental, creciente
a medida que el alumno progresa hacia tramos superiores de la educación,
y en la medida en que las matemáticas proporcionan formalización al
conocimiento humano riguroso y, en particular, al conocimiento científico.
En el transcurso de la educación
secundaria obligatoria, los alumnos prosiguen un proceso de construcción
del conocimiento matemático que ha alcanzado ya niveles considerables
de desarrollo al término de la educación primaria. Se introducen nuevas
relaciones, conceptos y procedimientos, ampliando el campo de reflexión
matemática; se utilizan nuevos algoritmos, de creciente complejidad;
se exploran nuevas aplicaciones; todo ello, mientras se enriquecen
y profundizan las nociones y procedimientos introducidos en la etapa
anterior. El desarrollo de la competencia cognitiva general de los
alumnos, en estos años, y, en concreto, la posibilidad de llevar a
cabo razonamientos de tipo formal, abre nuevas posibilidades para avanzar
en el proceso de construcción del conocimiento matemático, asegurando
niveles intermedios de abstracción, simbolización y formalización.
Esas posibilidades aparecen en una
doble línea. En primer lugar, la capacidad que el adolescente tiene
de abstraer relaciones y realizar inferencias, no sólo a partir de
operaciones concretas con objetos físicos, como en la etapa educativa
anterior, sino también a partir de operaciones sobre representaciones
simbólicas referidas a dichos objetos, permite avances sustanciales
en el conocimiento matemático. En segundo lugar, y en estrecha relación
con lo anterior, la capacidad del adolescente de trascender las informaciones
concretas sobre la realidad y los datos de la experiencia inmediata,
dando entrada a las conjeturas e hipótesis como forma de pensamiento
y de razonamiento, hace posible la introducción del razonamiento hipotético
deductivo y abre una vía de acceso a los componentes más formales del
conocimiento matemático.
De todas formas, debe reconocerse
que los contenidos más complejos, formales y deductivos de las matemáticas
siguen estando a menudo fuera de las posibilidades de comprensión de
los alumnos, incuso al final de la educación obligatoria. Debe resaltarse
también que, en esta etapa educativa, mantienen su validez los principios
generales de conceder prioridad al trabajo práctico e intuitivo, de
potenciar el cálculo mental y la capacidad de estimación de resultados
y magnitudes, de introducir las anotaciones simbólicas y las formalizaciones
a partir del interés por los conceptos y la necesidad de acudir a procedimientos
matemáticos, de utilizar actividades de grupo que favorezcan la discusión,
la confrontación y la reflexión sobre las experiencias matemáticas,
de prestar atención al desarrollo de estrategias personales de resolución
de problemas, y de utilizar distintos ámbitos de actividad de los alumnos,
dentro y fuera de la escuela, como fuente de experiencias matemáticas.
Los contenidos de las matemáticas
en esta etapa de educación obligatoria han de estar regidos no sólo
por su valor de preparación para conocimientos que hayan de adquirirse
en posteriores tramos, no obligatorios, de la educación, sino por el
valor intrínseco de la formación aportada por las matemáticas y de
su necesidad para la vida adulta en la sociedad moderna. El objetivo
de esta área debe ser que los alumnos adquieran los conocimientos necesarios
para desenvolverse como ciudadanos en una sociedad que incorpora y
requiere, cada vez más, conceptos y procedimientos matemáticos. El
currículo básico ha de permanecer dentro del marco de conocimientos
considerados imprescindibles para satisfacer las necesidades matemáticas
habituales de un ciudadano adulto en la sociedad actual y futura. Es
difícil, sin embargo, precisar cuáles son y, sobre todo, cuáles serán
en el futuro tales necesidades. La rapidez con que se producen los
cambios tecnológicos y científicos, así como su imprevisibilidad, hace
imposible tal predicción. Sólo puede predecirse con seguridad que serán
unas necesidades cambiantes a lo largo de la vida de las personas.
Igualmente serán cambiantes las necesidades de formación matemática
en la perspectiva de una preparación para estudios superiores. En consecuencia,
en el currículo básico deben incluirse los contenidos más generales
del conocimiento matemático, los que son transversales a sus distintos
ámbitos e incluyen conceptos y procedimientos de carácter más común,
a la vez que más funcional. Estos contenidos previsiblemente se adaptarán
mejor a las cambiantes necesidades de la sociedad y al progreso en
el propio conocimiento matemático.
De acuerdo con ello, en los contenidos
básicos del currículo hay que otorgar un lugar prioritario a los procedimientos
o modos de saber hacer, procedimientos por lo demás de naturaleza muy
diversa y que se refieren principalmente a:
Habilidades en la comprensión y en el
uso de los diferentes lenguajes matemáticos, de la simbología y notación
específica
de cada uno de ellos, así como de la traducción de unos a otros (por
ejemplo, entre representaciones gráficas y expresiones algebraicas).
Las rutinas y algoritmos particulares,
caracterizadas por tener un propósito concreto y unas reglas de uso
claras y bien secuenciadas.
Los heurísticos o estrategias heurísticas,
como las relativas a la estimación de cantidades y medidas, los procedimientos
de simplificación y análisis de tareas, de búsqueda de regularidades
y pautas, de expectativas de resultados, de comprobación y refutación
de hipótesis.
Las competencias relativas a la toma
de decisiones sobre qué conceptos, algoritmos o heurísticos, utilizar
en una situación dada, en el planteamiento y solución de un problema
y, en general, en el manejo conjunto y coordinado de las habilidades
relativas a los anteriores grupos de procedimientos.
Las matemáticas, en fin, constituyen
un área particularmente propicia para el desarrollo de ciertas actitudes
relacionadas con los hábitos de trabajo, la curiosidad y el interés
por investigar y resolver problemas, con la creatividad en la formulación
de conjeturas, con la flexibilidad para cambiar el propio punto de
vista, con la autonomía intelectual para enfrentarse con situaciones
desconocidas y con la confianza en la propia capacidad de aprender
y de resolver problemas. Por otra parte, el desarrollo de todas estas
actitudes no sólo contribuye en sí mismo a las finalidades indicadas
antes. Además de eso, permite que el resto de los aprendizajes, considerados
a menudo más puramente matemáticos, sean funcionales y puedan aplicarse
en una mayor variedad de situaciones. Ocurre lo mismo con las actitudes
relativas a los propios contenidos matemáticos, que el alumno ha de
aprender a apreciar por su utilidad para resolver problemas de la vida
cotidiana, por sus aplicaciones a otras ramas del conocimiento, y también
por la belleza, potencia y simplicidad de sus lenguajes y métodos propios.
El área de matemáticas se configura
en el cuarto curso de la etapa en dos opciones diferentes. El carácter
orientador que ha de tener la educación secundaria obligatoria, y principalmente
el segundo ciclo, supone la necesidad de facilitar que, en el último
curso, los alumnos puedan percibir cómo son las matemáticas que, en
su caso, van a encontrarse posteriormente, y en qué medida son útiles
para enfrentarse a distintas situaciones y resolver problemas relativos
tanto a la actividad cotidiana como a los distintos ámbitos de conocimiento.
Además, y en relación con esto, la diferencia de intereses, ritmos
de aprendizaje, etc., se hace especialmente marcada al final de esta
etapa. Todo ello aconseja el establecimiento, en el último curso, de
la posibilidad de optar entre dos matemáticas diferentes, como mecanismo
que permita atender simultáneamente estas necesidades de orientación
y atención a la diversidad de los alumnos.
Esta opción hace posible, por otra
parte, que sin perder la orientación señalada antes en cuanto al valor
formativo del aprendizaje de las matemáticas y en cuanto a la necesidad
de atender a las necesidades futuras del ciudadano adulto, pueda a
la vez garantizarse su papel instrumental. Muchos de los aprendizajes
precisos, dentro y fuera de las propias matemáticas, tanto en estudios
de carácter más académico como en opciones de tipo profesional, requieren
una preparación previa y en cierta medida diferente en cada caso.
La necesidad de compaginar todos
estos aspectos lleva a una configuración de cada una de estas opciones
en base al diferente acento que se ha de poner en algunos de los rasgos
del área que se han perfilado en esta introducción. Estas diferencias
se traducen no sólo en la selección de contenidos, sino también, y
en buena medida, en la forma en que habrán de ser tratados.
Está disponible
una copia comprimida del fichero en Word (132KB)
|