|
La afectividad en la educación
de los niños
en las primeras etapas escolares
Begoña Carbelo Baquero
Profesora titular interina de la
Escuela de Enfermaría y Fisioterapia de la Universidad de Alcalá
(Licenciada en Psicología y Diplomada en Enfermería)
Marta Romero Llort
Profesora Asociada de la
Escuela de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de Alcalá
(Diplomada en Enfermería Psicoterapeuta)
Francisca Casas Martinez
Profesora Titular Interina de la
Escuela de Enfermeria y Fisioterapia de la Universidad de Alcalá
(Diplomada en Enfermería)
E-mail:bcarbelo@sauce.pntic.mec.es

El concepto de salud en la
actualidad hace referencia a un estado de la persona en donde adquiere
relevancia el bienestar tanto físico como mental y social, y que permite
a la persona desarrollarse en su medio y ser productiva.
En la Educación para la Salud,
se hace mucho hincapié en la prevención de enfermedades y así encontramos
la formación en alimentación adecuada, hábitos saludables, que permiten
la prevención de algunas enfermedades, cuidado y salud buco-dental evitando
la formación de caries, prevención de conductas de riesgo, consumo de
sustancias y un largo etc..
Sin embargo no se hace tanto
hincapié, en la importancia del afecto y su incidencia en la salud y el
futuro de nuestros hijos siendo cada día más evidente la repercusión que
tiene éste proceso en el futuro adulto. Para el educador, éste aspecto
es importante en dos sentidos : Uno, su propia orientación y comportamiento
; y segundo en el sentido de ser un refuerzo para los padres y familias
en la medida en que éstos pueden servir de concienciación, espejo y resolución
de dudas.

El desarrollo físico del
infante tradicionalmente ha tenido mucha importancia. Aunque no negamos
que el desarrollo físico y psicomotor, y el desarrollo del lenguaje y
cognoscitivo son de extrema importancia, también deseamos considerar el
aspecto afectivo del aprendizaje en las etapas más tempranas del niño,
como favorecedor de avances importante en los demás aspectos del aprendizaje
como es el ámbito cognitivo y volitivo.
Conocer los aspectos más
relacionados con la esfera afectiva, actitudinal y volitiva es de gran
ayuda para padres y educadores en el sentido de favorecer la adaptación
y el progreso escolar, y preparar al niño para aceptarse a sí mismo, sentir
su valía, autoestimarse e ir adquiriendo seguridad para conseguir resultados
exitosos a lo largo de su vida.
Establecer una relación afectiva
positiva aporta beneficios tanto a la persona que educa como al niño.
Aquí vamos a aportar una líneas generales para establecer las condiciones
optimas en la educación escolar.
Bronfenbrenner en 1985 ,
formula cuatro requisitos imprescindibles en la educación, que pueden
adecuarse a padres y educadores :
1) En primer lugar, el niño
debe poder observar y participar en tareas cada vez más complejas a través
de la guía de personas con las que ha establecido relaciones emocionales
positivas.
2) El niño debe contar con
oportunidades , estímulos y recursos para implicarse en las actividades
aprendidas, pero sin la dirección continua del adulto.
3) La tercera condición se
refiere a la necesidad de que el principal adulto encargado de la educación
del niño reciba el apoyo de otros adultos, cercanos al niño.
4) Finalmente la acción educadora
se potencia si los diversos contextos en los que vive el niño están interrelacionados
a través de la comunicación y de las actividades compartidas.
Por otro lado Lautrey demuestra
que los niños educados en ambientes flexiblemente estructurados obtienen
mejores resultados que los que se educan en ambientes más rígidos ; observa
además que consiguen un mejor rendimiento aquéllos en que en su ambiente
se valora la curiosidad de espíritu y el sentido crítico.
¿Qué principios deben tenerse
en cuenta para ser considerados por educadores, que sean capaces de estimular
el pensamiento del niño? Las personas aprendemos las acciones, los temores
los sentimientos y algunas actitudes por asociación, es decir por coincidencia
en el tiempo y en el espacio de varios estímulos que nos hacen establecer
determinados nexos de unión entre ellos y que hacen que los relacionemos
en un futuro. También aprendemos parte de las conductas por observación,
a través de las acciones de los demás . La observación y la manera de
comportarnos como recuerdo de lo que hemos visto en los demás es algo
que guía nuestras acciones en muchas situaciones, y es la explicación
que encontramos a conductas consumistas o agresivas como manifestaciones
del comportamiento.
Ahora bien, si reconocemos
que la importancia del aprendizaje a través de la experiencia y observación
es importante, también aceptamos el papel que juega en ésta etapa el desarrollo
psicosocial y afectivo, y el gran valor de fomentar la autoestima, y la
confianza en el niño, puesto que además de ir fraguándose desde etapas
tempranas de la vida, tienen una gran incidencia en el rendimiento escolar
y en el aprendizaje. Los sentimientos positivos, dan seguridad y confianza
al niño y le dan pistas muy importantes acerca de saber si lo que hace
está bien o no está bien. La propia estima y valía, un buen autoconcepto
empieza ya a establecerse en los primeros años de la vida, y permiten
al niño enfrentarse a problemas, cambios cada vez más difíciles, a manipulaciones...
El interés del niño y la
motivación está muy ligada a aspectos afectivos, y son motivo de preocupación
de educadores y por otro lado ¿cómo incultarlo?

La afectividad en el
aula
Para el niño el aprendizaje
lo conforman distintas áreas de su desarrollo: lo cognitivo, lo social,
lo afectivo.. Su desarrollo físico es muy importante pero al igual que
su salud mental. El juego, tiene un papel importante también en su desarrollo.
El desarrollo afectivo se sitúa en el seno familiar y también ha de fomentarse
y cuidarse en el seno escolar. De él dependen la buena adaptación del
niño y el rendimiento académico.
En el aula lo más importante
para el niño es la flexibilidad, que aunque parezca contradictorio es
establecer los límites claros para los niños ; así se favorece el aprendizaje
de las normas de comportamiento, y el desarrollo de la autodirección personal
y de la conciencia. Ser flexible implica por parte del educador, actitudes
de empatía y comprensión y captar necesidades que no siempre se manifiestan
ostensiblemente y que su detección supone un desafío para el profesor.
Demostrar la afectividad
no es tarea siempre fácil. El tono de la voz y el trato agradable suponen
un gran paso por parte del educador, aunque muchas veces se sienta uno
tentado a restablecer el buen dinamismo con un par de gritos.
Las expresiones verbales,
manifestaciones de aceptación, las repeticiones y explicaciones también
ayudan.
El rostro es una manifestación
muy rica del grado de aceptación y del humor; a través de rostro y cara
el niño puede captar si es un buen partícipe y si es bien aceptado.
El acercamiento físico, a
través del tacto y caricias positivas es una buena demostración que al
niño le ayuda a sentirse integrado. El niño
es como es y no siempre nos
resulta fácil aceptarlo puesto que los educadores somos personas y hay
actitudes que nos gustan y otras que nos cuestan más aceptarlas. Lo importante
es reconocer y aceptar lo que más nos cuesta y sabernos manejar en aquéllas
actitudes que son favorecedoras de las relaciones, como es la sintonía
o empatía, esencial para que el niño se encuentre en una atmósfera de
credibilidad, confianza y participación.
La sintonía se puede expresar
y el niño es capaz de captarla a través de las manifestaciones verbales
y no verbales. Se refleja en el movimiento, en la postura, gesto, contacto
físico, tono de voz y la mirada.
El educador ha de ser hábil
en la demostración de la sintonía o empatía y también en la correspondencia
con el niño. Crear sintonía es una buena opción para situarse en un aula
con niños, es una habilidad por tanto puede aprenderse y produce efectos
beneficiosos tanto en el educador como en el niño.
Aspectos psicosociales
relacionados con la afectividad
Vamos a describir algunos
de los puntos más importantes desde el punto de vista del niño pequeño
que pueden ser importantes para la adaptación del niño en la escuela y
en donde los educadores tienen un papel afectivo activo como opción a
desarrollar .
- SEGURIDAD: El niño necesita de un mundo
de estímulos continuos y ser orientado en los mismos para ir adaptándose
exitosamente y en dónde encontrar ánimos para ir descubriendo nuevas
experiencias. El niño debe ser preparado poco a poco para enfrentarse
a lo nuevo, sin ser engañado ni avergonzado, con pautas concretas
para controlarse y aprender los límites, y aceptar las correcciones
sin sentirse amenazado ni protegido en exceso por parte de educadores
y familia.
- INDEPENDENCIA: El niño ha de ir desarrollando
autonomía e intentar hacer cosas por sí solo. La esfera en donde se
desenvuelve es muy importante que sea atrayente y que asocie el trabajo
a lo distraído o divertido, para que se convierta en un estímulo y
lo vivencie positivamente. La manera en cómo vaya superando las dificultades
con éxito, irá fomentando su propia autonomía estima e independencia.
- RESPETO Y CONFIANZA: Estas actitudes
el niño las incorpora con las distintas experiencias y por observación
de padres y educadores. Inculcar el respeto y la confianza a través
de la lectura, llamando la atención sobre aspectos concretos en los
cuentos y en las distintas situaciones de la vida cotidiana en los
que hay que recapacitar. Es interesante dar explicaciones concretas
y puntuales, resolver dudas, hacer numerosas preguntas acerca de temas
relacionados con los valores, en definitiva ir asentando las bases
para prepararlos para el futuro.

Los
niños comienzan a interesarse por el juego con sus compañeros de edad
durante el segundo año de la vida. Los niños entre los 16 y 18 meses son
más propensos a acercarse a otro niño, mirandole, sonriéndole y hablándole.
Para cuando entran en la
escuela, los niños son mucho más hábiles con los intercambios sociales
y juegan juntos cooperando e influyendo cada uno en las actividades del
otro. Simulan ser adultos, animales o personajes de televisión a medida
que aumenta su experiencia e imaginación su juego se vuelve más complejo
y dramático .
A la edad de cuatro años
surge lo que se llama juego sociodramático, que incluye a varios niños.
En éste tipo de juego la imaginación del niño es libre y se expresa con
más libertad que cuando era menor.
El juego desempeña muchas
funciones en los niños. Algo del juego parece estar motivado por el deseo
de lograr maestría, es decir, el principal interés del niño es tratar
de forma competente en el juego los problemas que afronta.
El juego activo del niño
contribuye a que desarrolle el área cognoscitiva y entienda el mudo que
le rodea, se siente acompañado y trata con sentimientos e ideas de otros,
y le permite actuar con sentimientos como la frustración, agresividad,
hostilidad, tensión cuyas manifestaciones serían peligrosas en la vida
real. El desempeño de roles en el juego psicodramático permite al niño
ir elaborando el concepto de sí mismo.
Los hijos únicos suelen adoptar
compañeros imaginarios, con los que poder practicar y desarrollar habilidades
sociales, poco a poco desaparecen los compañeros imaginarios y encuentran
amigos reales.

Los
niños han de enfrentarse a numerosas frustraciones en su recorrido hacia
la independencia y autonomía. Muchas veces no sabe expresar exactamente
sus deseos y necesidades. Todas estas experiencias enfurecen al niño en
mayor o menor medida cuyas habilidades motoras y lenguaje es todavía muy
limitado ; como no está muy desarrollado el autocontrol puede reaccionar
con un estallido de cólera, algo universal en la primera infancia. Lo
más recomendable es permanecer tan tranquilos como sea posible ante ésta
reacción agresiva ; se ha de acercar uno al niño y hablar en tono suave.
Otra alternativa es llevar con suavidad y firmeza a otra habitación a
esperar a que se le pase, dejando claro al niño que no hay otra solución
pero que no es un castigo.

Aunque
Piaget no es un educador, sus teorías y escritos han tenido gran impacto
sobre la filosofía y la práctica de la educación . Piaget sostiene que
el niño entra en la escuela con muchas ideas acerca del mundo físico y
natural, aunque éstas ideas son diferentes a las que tienen los adultos
y se expresen en diferente leguaje. Por eso una tarea inicial es desarrollar
formas efectivas para comunicarse con los niños, y trabajar e base a acciones
más que con palabras. Por ejemplo es mejor hacer y dar zumo de naranja
que enseñarles cómo hacerlo. Es muy importante en esta etapa no entorpecer
la disposición que tiene el niño a saber, usando programas demasiado estrictos.
El niño es egocentrista y no opera de acuerdo a reglas. El método mostrar
y decir ayuda a los niños a coordinar sus experiencias con el lenguaje
y aprenden a describir sus experiencias. Al mismo tiempo los niños aprenden
a superar su egocentrismo y terminan por comprender que la visión del
mundo que tiene otro niño puede ser distinta de la propia.

En la
medida en que como profesionales de la educación fomentemos a seguridad
e independencia y fomentemos valores de respeto en los demás, el niño
incorporará los límites de una manera afectiva positiva, ganando en su
propia estima y confianza y haciéndolo sentirse orgulloso de los avances
y valorado al propio niño, algo que revierte en la propia estima y valía
del educador haciéndolo sentirse a su vez valorado, seguro y respetado.

- Bronfenbrenner, U. "Contextos de
crianza del niño. Problemas y Prospectiva. Infancia y aprendizaje,
1985, 29, 45-55.
- Lautrey, J."Clase social, medio
familiar e inteligencia" Madrid, Visor, 1985.
- Bandura, A. "Teoría del aprendizaje
social" Espasa-Calpe. Madrid, 1982.
- Curwin, R.L. y Mendler, A.N. "La
disciplina en clase". Narcea. Madrid, 1983.
- Bowdoin, R., Torre J.C, Altares, J."Los
padres son maestros". Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1988.
- Mussen PH., Conger JJ.,Kagan J., "Aspectos
esenciales del desarrollo de la personalidad en el niño" Trillas,
México, 1984.
- Elkind D. "Early Chilhood education:
A Piagetian perspective". The Principal", 1971, 51, 48-55.

|