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ANAMORFOSIS: MENSAJES OCULTOS

         Una «anamorfosis» (del término griego que significa «transformar») es una imagen deliberadamente distorsionada que, vista de frente, es casi irreconocible. Sólo cuando la miramos desde un determinado ángulo somos capaces de apreciar su apariencia normal. Este curioso uso de la perspectiva ya fue descrito en las anotaciones de Leonardo da Vinci, aunque el término «anamorfosis» no fue acuñado hasta el siglo XVII. Probablemente se utilizó primero como mero ejercicio de diversión un recurso de la perspectiva para demostrar el talento del artista. Pero muy pronto pintores tales como Hans Holbein (1497/1498-1543) utilizaron la anamorfosis con fines intelectuales, con objeto de disimular conceptos políticos o espirituales en sus propias obras.

        Construcción de una anamorfosis.- Una imagen anamórfica es un caso extremo de perspectiva en la que el punto de vista se sitúa a un lado y cerca de] plano de la pintura. Primero se coloca una cuadrícula sobre un dibujo a escala del original para determinar los puntos básicos del diseño. ABCD definen los límites de la imagen, y la línea que une B y D fija la escala de los cuadrados. Luego el artista dibuja una rejilla distorsionada a la que se traslada el dibujo. El resultado es una imagen lateral en la que las proporciones se hallan drásticamente alteradas, pero en la que los puntos de la cuadrícula coinciden con los del original.

         Dibujo de la rejilla distorsionada.- El artista dibuja una línea vertical que representa un lado del original (pongamos el lado izquierdo AD), y coloca un punto, X, a una cierta distancia a la derecha. Después se dibujan las líneas que unen A, D, e, t, g, h, e i, a X. Cuanto más lejos esté X de AD, más estrecha será la imagen distorsionada. Un segundo punto, Y, se coloca encima de X y se une a D. En el punto donde YD atraviesa AX, se coloca el punto B. El punto C se coloca debajo de B, en la línea XD. Después se dibujan líneas verticales en los puntos en que ¡a línea 131) se cruza con las líneas que unen e, 1, g, h, i, a X. Estas corresponden a las líneas de la rejilla nombradas j, k, 1, ¡‑o, n. El dibujo de la calavera está a punto para ser trasladado y transformado.

        LOS EMBAJADORES DE HANS HOLBEIN EL JOVEN (1533; 2,06x2,10 m; óleo sobre tabla) suponen un canto a los poderes espirituales e intelectuales del hombre y es también una referencia a la fragilidad de los empeños humanos. Observamos a Jean de Dinteville (izquierda) y a su colega diplomático Georges de Selve junto a un conjunto de objetos relacionados con la búsqueda del saber. El globo terráqueo (en el estante interior), al que Holbein añadió el nombre del estado francés de Dinteville, se refiere al dominio del hombre sobre la Tierra; la calavera es un severo recordatorio de la muerte y de las inquietudes espirituales.

        En la sombra de la muerte, esta calavera tan sumamente distorsionada surge del mosaico del suelo de la pintura de Ho1bein corno si se tratara de un extraño paisaje lunar que pide ser descifrado, al igual que el código críptico de un mensaje secreto. Todas las pistas se hallan inmersas en la pintura. Quienes miran Los Embajadores sólo tienen que descubrir el punto de vista inusual (a unos dos metros a la derecha de la pintura) para advertir la imagen de la calavera y entender su significado simbólico. Pero no hay constancia de que se identificara esta extraña imagen como una anamorfosis hasta 1873, más de tres siglos después de que el cuadro fuese pintado.

Hans Holbein: Los embajadores

Calavera con corrección de la anamorfosis.

        La auténtica cara de la muerte:  esta fotografía muestra la calavera de Los Embajadores desde un punto de vista correcto. Esta perspectiva consigue que la imagen rectificada parezca flotar sobre la superficie del cuadro. Posiblemente la pintura haya estado colgada en una escalera del castillo (le Dinteville, de manera que la calavera corregida podía aparecer desde abajo a la izquierda o desde arriba a la derecha, según si el espectador subía o bajaba las escaleras. Ho1bein debió utilizar una rejilla distorsionada para crear su rnacabra imagen. Para poder observar correctamente la calavera debe mirarse desde la derecha del dibujo con un ángulo muy reducido.

 

        RETRATO DEL PRíNCIPE EDUARDO VI de William Scrots (1546; 42,5 x 160 cm; óleo sobre madera). Esta anamorfosis del príncipe Eduardo VI de Inglaterra (pintada por un seguidor de Holbein, probablemente para divertir al príncipe) destaca la larga nariz y la comprimida cabeza de un joven en un paisaje panorámico. Cuando el cuadro se mira desde el borde derecho (se ha hecho una gran muesca en el marco para ello), la cabeza se transforma en la forma real de Eduardo VI.

1- Imagen del cuadro en sus proporciones originales

2- Visión lateral del cuadro.


3- Imagen acortada lateralmente: se ha mejorado
el retrato del príncipe pero se deforma el paisaje.

4- Imagen del cuadro manteniendo el paisaje en su correcta
proporción
pero deformando el retrato del príncipe.

 Alison Cole.- Perspectiva. Ed. Blume. Col. Testimonio visual delArte.
Barcelona 1993. Págs.  32-33